Pierre Menard llevó su identificación con la obra literaria hasta
sus últimas consecuencias: anular su individualidad para ser capaz de
dar a luz una obra inmortal. Al hacerlo, proclamó que lo único que
importa es lo que se escribe. Que cualquier concesión a la Autoría, por
vanidad o lucro económico, es prostitución y corrompe la escritura.
Nosotros nos proclamamos continuadores de Pierre Menard, hijos suyos.
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